HIPERSENSIBILIDAD ES EL PRIMER SÍNTOMA

Por: Rosa María Loyola

“La música demasiado alta, el tabaco, la limpieza con objetos puntiagudos, un golpe y hasta una mala alimentación, son solo algunas de las causas que pueden derivar en sordera”, manifiesta la especialista de audición del POLICLÍNICO LIMA SOL, pero ya no serían los únicos.

Ahora, con el avance de las sociedades, un nuevo enemigo se ha sumado a la lista, nos referimos al estrés.

ESTRÉS Y TINITUS

Factores como el estrés, ansiedad, cansancio o incluso el ruido del tráfico es “clave para la aparición de los acúfenos (silbidos o zumbidos) ya que aumentan la sensibilidad de la capacidad auditiva”, agrega la especialista.

Los acúfenos o tinnitus son una dolencia comúnmente conocida como la percepción de un sonido en el oído, sin que un estímulo externo lo provoque.

Asimismo, las oficinas junto a las avenidas principales o el trabajo en fábricas pueden poner en peligro nuestra salud auditiva, la cual se agravar con el estrés al que diariamente estamos expuestos.

TAMBIÉN EN NIÑOS

El estrés es uno de los detonantes de problemas auditivos como la hipersensibilidad al sonido.

Esta hipersensibilidad provoca que los afectados, ante un ruido mínimo, sientan como si les perforasen los oídos.

Además, este problema también se ha agudizado en niños que pasan muchas horas en las calles, debido al estilo de vida actual que todos llevamos. Por ello no se debe descartar tan fácilmente este problema como causante.

CONSECUENCIA DE LA SORDERA SÚBITA

¿Qué relación hay entre el estrés y la sordera súbita?

La tensión generada por el estrés aumenta la tensión muscular, que de manera directa afecta a los músculos faciales y el cuello.

El estrés activa los músculos de la masticación y produce en ocasiones sensación de oídos tapados y zumbidos.

¿Cómo sabemos que en esa zona hay tensión que pueda afectar al oído?

Cuando apretamos los dientes durante la noche, es síntoma de que estamos sometidos a una gran tensión.

El resultado es el traslado de esta tensión al músculo del oído. Causará dolor y, por ende, un mal funcionamiento de las estructuras internas del oído, lo que provoca una disminución sonora temporal y problemas en la audición en casos graves.

Si el problema no es atendido desde sus inicios, ¿qué ocurrirá?

Esta tensión acumulada puede desencadenar a largo plazo problemas de audición más graves, como la enfermedad de Ménière, que puede comenzar como un zumbido en el oído (acúfenos), una disminución auditiva y vértigo. Por ello, no hay que esperar a que el problema se agrave. El daño en el oído es irreparable, uno no va a poder restaurarlo, pero sí podrá optar por una prótesis como los audífonos medicados para volver a escuchar.

Fuente: Diario Nuevo Sol